Los hermanos Millares Cubas estudiaron en el Colegio San Agustín de Las Palmas de Gran Canaria y, posteriormente, cursaron estudios superiores en Barcelona: Luis, Medicina, y Agustín, Derecho y Filosofía y Letras. Escribieron prácticamente toda su obra en colaboración, abarcando la novela, el cuento, el teatro, el ensayo y la crónica. Renovaron las artes escénicas, erigiéndose en los máximos representantes del teatro costumbrista regional. Iniciaron su trayectoria literaria en 1894 con la publicación de De la tierra canaria. En 1908 crearon el Teatrillo de los Hermanos Millares, que se convirtió en punto de encuentro de escritores y artistas locales y foráneos. Entre sus obras figuran los libros de relatos y novelas Pepe Santana, Nuestra Señora, Antonio Bordón o Canariadas de antaño, así como piezas teatrales como La herencia de Araus o Compañerito. Se los considera precursores de la novela canaria contemporánea.
Cronobiografía
Obras
2026
Escrituras de un impertinente, de Agustín Millares Cubas (Cabildo de Gran Canaria)
1999
El cuento literario del siglo XX en Canarias: estudio y antología, de Juan José Delgado (Ateneo de La Laguna)
1990
Antología de cuentos de la tierra canaria (Gobierno de Canarias)
1985
Obra escogida (Las Palmas de Gran Canaria: Edirca)
1932
Cómo hablan los canarios: refundición del léxico de Gran Canaria (Las Palmas de Gran Canaria: Tip. Diario de las Palmas)
1926
Canariadas de antaño: cuentos (Las Palmas de Gran Canaria: Tipografía Diario)
1924
Léxico de Gran Canaria (Las Palmas de Gran Canaria: Tipografía del Diario)
1921
Doña Juana ; Cuentos viejos (Las Palmas de Gran Canaria: Tipografía del Diario)
1921
Compañerito (Madrid: La Pluma)
Más allá de la biografía
La casa de Don Luis
Así era conocida la residencia de Luis Millares Cubas, allí se leían versos, se representaban obras teatrales, se escuchaba música, se comentaban las últimas ediciones y se leían las revistas y la prensa en general llegadas de Madrid. Sabemos que ya en 1907 Alonso Quesada frecuentaba la casa, además de Tomás Morales y Saulo Torón. Eran asiduos los jóvenes Néstor, Tomás Morales, Rafael Hernández Suárez, Miguel Benítez Inglott, Agustín Millares Carló, Claudio de la Torre, José Hurtado de Mendoza... Estas tertulias, al igual que otras peninsulares, fueron viveros de ideas y crearon redes de apoyo entre los artistas.
Fuentes directas de sus estudios lexicográficos
Esgrimiendo el lápiz, emprendimos alegremente la tarea. Fueron en ella nuestros involuntarios colaboradores la familia, los criados, los amigos, y sobre todo los clientes. iCuántas veces nos sucedió interrumpir las confidencias de un enfermo o de un testador para tomar una rápida nota con una hoja de papel, bajo la benévola mirada del visitante, persuadido de que se trataba de un detalle de importancia para su cuita, cuando en realidad el objeto del apunte era una “canariada” cometida.
Fervor por el teatro
El origen de ese fervor y precocidad para el teatro que ambos mostraron [...] comienzan por la dedicación a la música y la literatura de su padre, el polígrafo Agustín Millares Torres, hijo del violonchelista de la Capilla catedralicia Gregorio Millares Cordero, que ante su temprano talento hizo lo imposible por enviarlo a estudiar Música y Derecho a Madrid. A su regreso de la capital, Millares Torres —que con el tiempo sería una de las cúspides de la generación de 1868 y miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia— agitó la vida cultural grancanaria a través de la fundación de periódicos, la composición de piezas de música y zarzuelas o el impulso de la Sociedad Filarmónica y del Museo Canario. Su pasión por el teatro y la música, y su carácter entusiasta y emprendedor, lo llevaron a fundar en su hogar un exitoso teatro de cámara abierto a la ciudad en el que participaban familiares y amigos. Entre ellos, desde luego, estaban sus dos hijos varones, Luis y Agustín —ya como actores, ya como músicos, acompañando con violonchelo y viola al violín de su padre— y también sus hijas, entre las que descollaba Francisca, madre de la actriz y poeta Josefina de la Torre.
(Fragmento de la introducción a La herencia de Araus: drama en tres actos y en prosa (Selena Millares, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2025))
Juan Bosch escribe en 1954: «Cultivaron el teatro, un teatro original, de firme orientación moderna, simbólico o psicológico algunas veces, de ideas otras y también de tendencia social, sin hacer jamás concesiones al estragado gusto del público, acostumbrado a cierta dramaturgia falsa y convencional, cuando no artificiosa y ñoña, sin sustancia ideológica, sin caracteres y sin entraña humana»