La poesía es un género que te maltrata, pero del que es muy complicado divorciarse. Es una relación tóxica y la culpa es siempre de ella, de la poesía.
Odiaba las barras que se movían. Maldito vaivén. Ni que fuera el pasajero de un trasantlántico de lujo. Allí se veía: el flequillo salpicado por el viento, la espuma remoloneando por la quilla de un barco acostumbrado a destripar tanto mares azules como ricos de cuento habitan en la fantasía. Ricos que nunca van a ningún lado.
… y la emancipación decimonónica, única permitida a la buena sociedad femenina: cheque al portador, ley de la oferta y la demanda, operación mercantil a corto —¿largo?- plazo, inversión de un rostro, de unos senos, de una vagina, contra una tranquilidad, un hogar, una integración perfectamente estable en un engranaje antropofágico y frío.